Mujer preparada vale por dos

Aquí tenéis el relato que presento al concurso de Zenda para conmemorar el día del viento: #PalabrasAlViento.

Está muerto, eso está claro. No es que fuera mi intención matarlo, pero tampoco voy a decir que lamente lo que ha pasado. Se lo tiene bien merecido, por imbécil. Sea como sea, tengo que deshacerme del cadáver. Es un tanto engorroso, con toda esa sangre saliendo de su nuca, pero como solía decir mi madre: “cuanto antes empieces, antes terminas”. Manos a la obra.

Mujer preparada vale por dos. Es otra de las cosas que siempre decía mi madre. Por fortuna nunca salgo al trabajo sin antes meter todo lo que pudiera necesitar si las cosas se tuercen. Una pequeña sierra compacta para cortar el hueso es una de esas cosas que siempre echas en falta cuando no la tienes a mano. Como el pintalabios, algo para asearme o la pistola. De momento no he necesitado nada de eso, pero la sierra me va a ser de mucha utilidad para desmembrar el cuerpo que yace a mis pies. Así como unas cuantas bolsas de plástico. Es una situación rara, el necesitar la sierra sin haber necesitado la pistola. Es más habitual lo contrario, aunque lo normal es necesitar ambas, claro. Pero como ya he dicho, en ningún momento entraba en mis planes matar a este tipo. Sólo tenía que apretarle un poco las tuercas. Darle un buen susto para que no olvide quién manda aquí. Pero no, este grandullón no quiso ponerme las cosas fáciles.

Pensaba que había superado todo esto. Al principio era lo más normal, la gente ve a una endeble mujercita de poco más de metro sesenta y no se toma en serio la profesión. Fue un comienzo duro, eso es cierto. Cada hueso que he roto, cada cicatriz que he dejado, cada dedo que he cortado e incluso cada fiambre que he ido sembrando tenían como objetivo evitar situaciones como esta. Una tiene su reputación. Pero supongo que una chica siempre será una chica y siempre habrá un hombre grande y cabezota dispuesto a poner en duda tu autoridad, sin importar lo mucho que te esfuerces para evitarlo.

¡Joder! Me acabo de hacer un pequeño corte en el dedo con la sierra. No parece grave. He tenido suerte de que la sangre no haya caído al suelo. Pero duele un montón. Mejor me la limpio antes de dejar una gota en un mal sitio. La sangre que emana de la falange está mezclada con la del cuerpo. No es ideal, pero a veces estas cosas pasan. Lo importante es asegurarse de que no dejo mi adn en el piso.

Listo. Ya tengo el cuerpo en pequeños paquetes, pero siguen siendo casi cien kilos de carne y hueso que llevar al coche. No puedo llevarlo todo de golpe. Al menos no en las bolsas. Seguro que el tío este tiene alguna maleta por la casa. ¡Bingo! Ahora sólo tengo que meter los paquetes en la maleta, bajarla en el ascensor y meterla en el maletero del Ford que tengo aparcado en frente del edificio. Pero antes tengo que limpiar toda esta sangre del suelo. Espero que tenga lejía o algo parecido en la cocina o en el baño.

Huele un poco raro, a una mezcla de productos químicos con mi propio sudor. Será mejor que abra la ventana para que se vaya cuanto antes este olor. Vaya, parece que se ha levantado algo de viento, menos mal que llevo una coleta o la ráfaga podría haberme sacado un pelo y a saber dónde habría caído. Con la paliza que me he pegado a limpiar. Me ha llevado más tiempo de lo que creía, pero da el pego. Por supuesto que no es definitivo. La policía encontrará restos de sangre en cuanto les de por buscarla. Pero cuento con que empiecen a buscarla dentro de unas semanas, cuanto más tiempo pase mejor para mí porque más difícil les resultará recrear la escena. El capullo me abrió la puerta y todo está más o menos en orden. Tampoco es que haya sido una pelea muy épica, de hecho lo poco que tardó en caer fue un tanto decepcionante. En principio nadie tiene por qué pensar que aquí ha pasado nada. Sí, dentro de unos días la desaparición empezará a cantar. Alguien le echará de menos y terminarán por descubrir que murió en el piso. Sospecharán un asesinato, pero no hay nada que me pueda relacionar con el crimen. Ni a mí ni a mis asociados, que es lo más importante, así que no debería ser ningún problema. Además nunca van a encontrar el cuerpo, lo que les complicará aún más las cosas, así que no hay motivo para preocuparme.

Por fin estoy en la calle. Ahora sólo tengo que sacar las llaves del coche de mi bolso y meter la maleta en maletero. Conozco la gente adecuada para hacerse cargo de mi paquete. Mierda. Soy lo más imbécil del mundo. Al sacar las llaves del bolso he dejado caer un pedazo de papel con manchas carmesí. El pañuelo con el que me limpié. Podría haber sido peor. Seré bocazas. No me lo puedo creer. Acabo de ver con cara de idiota cómo una corriente ha hecho volar suavemente el pañuelo delator, la única cosa en el mundo que relaciona a la víctima y al verdugo, a través la ventana que he abierto unos minutos antes. Todo ha sido para nada. Ahora no puedo volver, la puerta está cerrada. Si la fuerzo agilizará la investigación policial y a la mierda con mi margen. Eso por no decir que cualquier vecino podría verme hurgando en la cerradura.

En fin, ya no hay nada que pueda hacer. Con un poco de suerte mi reputación ha llegado hasta la cárcel.

La imagen de cabecera es una fotografía hecha por Jo Naylor bajo licencia de Creative Commons (CC BY 2.0), recortada por mí para ajustarla al diseño del blog.
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