La fabulosa Fabrizia

Hace un par de meses escribí un relato con la intención de presentarlo a un concurso. El concurso era un homenaje a Mary Shelley organizado por Tinta Púrpuda Ediciones. Mi relato no fue seleccionado, muy a mi pesar, pero eso no quiere decir que no podáis disfrutarlo vosotros, con que encuentre a una persona que le haya gustado mrecerá la pena (más allá de aquellos que ya lo leyeron en su día y cuya ayuda agradeceré para siempre).

El caso es que el relato me parece un tanto demasiado extenso para lo que viene siendo el formato blog. Ni más ni menos que 4992 palabras, con sus comas, sus puntos y sus rayas de diálogo. Esto me ha hecho plantearme cómo compartirlo con vosotros de la forma más cómoda posible. Al final he decido hacer lo siguiente, voy a colgar dos enlaces para el relato en formato ebook. Un epub, que creo que es compatible con la mayoría de lectores, y un mobi, porque kindle es lo más popular. Aún así, como pienso que tal vez sea más complicado animar a la gente a que se descargue el archivo así, sin ningún tipo de aliciente, voy a poner un pequeño extracto del mismo, para ver si consigo que os pique el gusanillo, por lo menos.

Mientras el público que se había reunido en el minúsculo teatro de LaTour aplaudía sin mucho entusiasmo, la joven Amelia Adler sonreía y saludaba bajo el calor de las lámparas de gas que iluminaban el escenario. Lo hacía porque era parte de su trabajo, pero era muy consciente de que el aplauso no se lo daban a ella, sino al Gran Zaldini, el inútil mago con el que compartía escenario. Él era el protagonista, suyo era el nombre que se leía en el cartel y suyo era el espectáculo. Un espectáculo mediocre, también de eso era consciente Amelia, pero el arrogante de su jefe no aceptaba ninguno de sus consejos. Tampoco le sorprendía, al fin y al cabo ella sólo era una chica, una cuya adolescencia aún no quedaba muy atrás, en un mundo gobernado por hombres con ridículos bigotes y sombreros de copa cuya mejor cualidad era la de creerse los más listos del lugar.

No importaba que ella hubiese estado interesada por la magia desde que tenía uso de razón. Tampoco importaba que fueran siempre las ayudantes las que tuvieran que tener la habilidad y conocimiento necesario para realizar la mayoría de los trucos. El mago sólo estaba ahí para embaucar. Los buenos magos ingeniaban los mejores efectos, pero los mejores siempre fueron los que mejor sabían cómo engatusar al público. Las ayudantes hacían todo el trabajo sucio en cualquiera de los casos, pero nadie lo valoraba. Nunca. Lo único que importaba era que fuesen tan pequeñas como para caber en esas minúsculas cajas. Y bueno, que fueran guapas, por supuesto.

Amelia tenía muy bien aprendido todo eso. Ella siempre había querido convertirse en una ilusionista. Desde niña iba a los espectáculos con su padre y juntos siempre trataban de adivinar cómo se habían hecho los trucos. Con el tiempo aprendió a descubrir muchos de ellos e incluso […]

Bies, ¿os ha dejado con ganas de más? Espero que sí. En caso afirmativo podréis descargaros la versión completa en los siguientes enlaces:

 

Muchas gracias por vuestra atención.

La imagen de cabecera es una fotografía hecha por Ely Hynes bajo licencia de Creative Commons (CC BY-NC-SA 2.0).
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s