El Dilema del Teletransporte

Los amantes de la ciencia ficción estamos más que acostumbrados a la presencia de una tecnología que, al menos para la gente tan perezosa como yo, nos permite deleitarnos por lo maravilloso de su concepto: el teletransporte. La magia de llegar de un lado a otro sin tener que caminar es, por sí misma, bastante atractiva. Vamos, que si tuviese una lista de tecnologías por las que estar expectante, esta estaría, sin lugar a dudas, en la primera posición, por encima de los sables de luz de Star Wars o del aeropatín de Regreso al Futuro.

El teletransporte está más que presente en muchas series y películas populares. Ejemplos claros serían La mosca o Star Trek, en los cuales la explicación científica en la que basan su funcionamiento podría ser explicada en tres sencillos pasos: descomposición, copia y reconstrucción. Vamos, que para teletransportar un objeto lo primero que hacen es desintegrar a nivel molecular el objeto, para después recomponer un objeto con la misma estructura en el destino. Muchos aquí podrían percibir el objeto como uno distinto, exactamente igual que el original, pero esencialmente otro distinto. Ahora subamos un poco la complejidad, hagamos lo mismo con un humano. Se podría decir que  realmente el humano transportado es, en realidad, un clon. Con los mismos recuerdos hasta ese punto, porque así es como funcionan los clones en esta hipótesis (así funcionan los clones en muchas películas) por lo que, a ojos de este clon, que es el único que importa porque el original está desintegrado, él estaba hace un segundo en el punto de partida y ahora está en el punto de salida. Vamos, que desde su punto de vista él se ha teletransportado.

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“Scotty, cinco para transporte.”

Mucha gente, o alguna gente al menos, ve esto un inconveniente al teletransporte. Sí, sí, sabemos que esto no son más que teorías ridículas, el teletransporte no existe, pero esto es Internet y nos encanta teorizar sobre cosas inútiles, como si Lobezno ganaría a Terminator en una pelea (spoiler: sí). El caso es que esta gente, que no sé si son muchos o pocos, pero sé que existen, estaría reacia a utilizar el teletransporte en estas condiciones. Les parece que la parte en la que ellos mueren es lo suficiente importante como para ignorarla. Esa dicotomía es a lo que he llamado “El dilema del teletransporte”. Allá ellos, no les juzgo, pero tampoco vengo a hablar de esto ahora. Creí necesaria una introducción. Este post está dirigido a aquellos que, como yo, sí se teletransportarían sin remordimiento de conciencia. En él vengo a hablar de cómo El truco final le ha dado una vuelta más de tuerca a este problema y cómo ha hecho la decisión moral un poco más difícil.

Para quien no haya visto la película (¿a qué estás esperando?) un brevísimo resumen: Un mago quiere hacer un truco para aparecer teletransportado al otro lado del escenario, no se le ocurre ningún truco lo suficientemente bueno así que recurre a la ciencia (en concreto a Tesla) para que le inventen una máquina que lo haga. La máquina funciona bastante bien en su segunda mitad del proceso, ya que crea a un clon al otro lado de la habitación, pero la parte de la desintegración la omite, por lo que tras ser utilizada tenemos dos unidades de personas en lugar de una. ¿La solución que ingenia el mago? Matar a la primera instancia de su ser, activamente. Esto ya no nos parece moralmente igual de aceptable, la verdad, pero si te paras a pensar es, en esencia, lo mismo que el teletransporte de Star Trek, solo que la propia máquina es quien mata al original, en lugar de ser el clon el que tenga que coger un cuchillo y clavárselo. No olvidemos que, desde el punto de vista del clonado él estaba hace un segundo en la otra parte de la sala, él se siente él mismo.

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“Todo todo efecto mágico consta de tres partes…” ¡como el teletransporte!

Parece una tontería, pero hasta que no me paré a pensar en ello estaba convencido de que el mago estaba siendo malo aquí. Al fin y al cabo estaba asesinando en sangre fría a su copia (bueno, técnicamente él es la copia). La propia película ayuda a percibir eso porque el mago, interpretado por Hugh “sombreros de copa” Jackman, es bastante mezquino, pero si extraemos toda esa mezquindad y nos quedamos sólo con la parte en la que se copia y mata al original… ¿es esto realmente inmoral? ¿Es más inmoral que el teletransporte de Star Trek? Además, una vez instalado el invento en el espectáculo realmente él ingenia un artilugio para que el clon muera automáticamente una vez acciona la máquina, algo más rudimentario que la desintegración de Star Trek y un tanto más violento, pero con eso se evita el tener que matar con su propia mano al original y, al fin y al cabo, él es el que activa la máquina sabiendo que luego se va a morir… ¿cambia eso algo? Y, lo que sería más importante, ¿dejarías de utilizar el teletransporte de Star Trek una vez que lo analizas desde el punto de vista de El truco final?

Decidme qué opináis de todo esto en los comentarios, me interesa tanto vuestra opinión como saber si he patinado demasiado.

 

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